El aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor, asociado al calentamiento global, ha generado un creciente interés en la comunidad científica por sus efectos sobre la salud cerebral y mental. Más allá de las consecuencias físicas ampliamente conocidas, la exposición prolongada a temperaturas elevadas representa un riesgo directo para el funcionamiento del sistema nervioso.
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Diversas investigaciones señalan que el cerebro humano mantiene un equilibrio térmico limitado y presenta una alta demanda energética, lo que lo hace susceptible a cambios de temperatura. La elevación sostenida del calor corporal puede interferir con la transmisión neuronal, afectar procesos cognitivos y alterar el comportamiento. Aunque el cerebro suele tolerar incrementos mínimos de temperatura, incluso variaciones cercanas a un grado pueden generar disfunciones en la actividad neuronal.
En personas con padecimientos neurológicos preexistentes, como epilepsia, esclerosis múltiple, migraña o antecedentes de accidentes cerebrovasculares, el calor puede intensificar síntomas y detonar episodios agudos, incluidas convulsiones y deterioro cognitivo repentino. En la población general, se ha observado una disminución en la capacidad de atención, la toma de decisiones y el control conductual durante periodos de calor extremo.
Estudios realizados en entornos laborales expuestos al sol documentaron reducciones significativas en la atención y vigilancia, con afectaciones que pueden superar el 60% en comparación con condiciones de sombra. Investigadores atribuyen este fenómeno a mecanismos fisiológicos como la redistribución del flujo sanguíneo hacia la piel para disipar calor y la hiperventilación, que modifica los niveles de dióxido de carbono en la sangre.
Investigaciones desarrolladas en regiones con altas temperaturas nocturnas también identificaron un aumento en conductas impulsivas y decisiones económicas desfavorables, particularmente en comunidades con acceso limitado a sistemas de enfriamiento. En adultos mayores, la exposición prolongada al calor se ha relacionado con alteraciones en la función del hipocampo, región cerebral vinculada con la memoria y el aprendizaje.
A nivel global, organismos internacionales reportaron que en 2024 el calor extremo afectó a aproximadamente el 84% de la población mundial, con un promedio de más de 30 días de temperaturas superiores a los parámetros habituales. Sin embargo, menos de una tercera parte de los planes de acción en salud contempla de forma explícita los efectos del calor sobre la salud mental.
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Ante este escenario, especialistas recomiendan reforzar las estrategias de prevención, ampliar el monitoreo de personas con trastornos neurológicos o psiquiátricos y habilitar espacios comunitarios para la atención durante emergencias por calor, con énfasis en niños, personas mayores y poblaciones con recursos limitados.