Mantener el teléfono celular junto a la cama es una práctica frecuente. Diversos estudios han analizado su impacto en la calidad del sueño y coinciden en que el factor más relevante no es la radiación, sino el uso del dispositivo antes de acostarse y los hábitos asociados.
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Un metaanálisis con más de 36 mil participantes identificó que el uso excesivo del smartphone se relaciona con un incremento en el riesgo de mala calidad de sueño. La evidencia apunta a la exposición a la luz azul de las pantallas LED como uno de los principales factores, ya que retrasa la liberación de melatonina y altera el ciclo natural del descanso. Además, actividades como responder mensajes o navegar en redes sociales mantienen la actividad cerebral, lo que puede prolongar el tiempo necesario para conciliar el sueño.
Respecto a la radiación, organismos como la Organización Mundial de la Salud han señalado que no existen pruebas concluyentes de efectos adversos derivados de la exposición a campos electromagnéticos de bajo nivel en las condiciones habituales de uso. No obstante, algunas investigaciones recientes han explorado posibles efectos no térmicos en personas con características específicas.
Un estudio sobre dispositivos que emiten frecuencias similares a Wi-Fi y Bluetooth reportó variaciones en la calidad subjetiva del sueño y en la frecuencia cardíaca de ciertos participantes. Otra investigación sobre exposición a señales 5G identificó cambios en fases del sueño únicamente en individuos con variantes determinadas del gen CACNA1C, lo que sugiere diferencias individuales en la respuesta.
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Las recomendaciones actuales se centran en modificar hábitos. Se sugiere establecer un límite de uso antes de dormir, activar funciones que reduzcan notificaciones y mantener el dispositivo a cierta distancia de la cama. También se propone sustituir el tiempo frente a la pantalla por actividades que favorezcan la transición al descanso, con el fin de preservar la regularidad del ciclo de sueño.