En la Edad Media, los bufones no eran un simples payasos. Debía dominar música, poesía, política y humor crítico, lo que lo convertía en un personaje respetado y a la vez en riesgo constante. Un chiste fuera de lugar podía costarle la vida, pero su ingenio le permitía decir verdades incómodas al rey disfrazadas de broma. Más que un entretenimiento, eran figuras inteligentes y carismáticas que funcionaban como válvula de escape en la corte.