El llamado “soft saving” se ha convertido en una de las tendencias financieras más populares entre los jóvenes, especialmente entre la Generación Z y los millennials. A diferencia del ahorro tradicional, que prioriza guardar la mayor cantidad de dinero posible, esta filosofía propone un enfoque más flexible y equilibrado.
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¿En qué consiste el “soft saving”?
El concepto parte de la idea de que ahorrar no debe significar sacrificar por completo la calidad de vida. Quienes practican el “soft saving” destinan parte de sus ingresos al ahorro, pero también reservan dinero para experiencias, viajes, hobbies o actividades que les generan bienestar.
Este modelo surgió como respuesta al aumento en el costo de vida, la incertidumbre económica y la dificultad que enfrentan muchos jóvenes para alcanzar metas como comprar una vivienda. Ante este panorama, prefieren mantener hábitos financieros saludables sin dejar de disfrutar el presente.
Los especialistas señalan que el “soft saving” puede ser una estrategia positiva siempre que exista una planeación. Recomiendan establecer un presupuesto, crear un fondo para emergencias y evitar que los gastos impulsivos superen la capacidad económica.
Aunque no busca acumular grandes cantidades de dinero en poco tiempo, esta tendencia promueve una relación más sana con las finanzas, basada en el equilibrio entre la responsabilidad y el bienestar personal.
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