El hantavirus es una enfermedad viral que puede provocar complicaciones respiratorias graves en cuestión de días. Especialistas en salud señalan que el síndrome cardiopulmonar asociado a este virus mantiene una tasa de letalidad elevada en algunos países de América, principalmente cuando el diagnóstico y la atención médica se retrasan.
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La enfermedad suele comenzar con síntomas similares a los de una gripe común. Durante los primeros días pueden presentarse fiebre, escalofríos, dolor muscular, dolor de cabeza, náuseas, vómitos y molestias abdominales. Esta etapa inicial puede extenderse entre uno y cinco días.
Posteriormente, algunos pacientes desarrollan una fase cardiopulmonar que representa el mayor riesgo. Entre cuatro y diez días después del inicio de los síntomas, pueden aparecer dificultad respiratoria, tos seca, presión arterial baja y alteraciones cardiovasculares derivadas de la acumulación de líquido en los pulmones. En casos graves también pueden registrarse hemorragias y falla orgánica.
Especialistas advierten que la insuficiencia respiratoria puede avanzar rápidamente, por lo que muchos pacientes requieren hospitalización y vigilancia en unidades de cuidados intensivos. El período de incubación del virus varía y los síntomas pueden presentarse días o incluso semanas después de la exposición.
El hantavirus se transmite principalmente por contacto o inhalación de partículas contaminadas con orina, saliva o heces de roedores silvestres infectados. Algunas variantes, como la cepa Andes identificada en Sudamérica, también han mostrado registros limitados de transmisión entre personas.
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Ante síntomas compatibles después de permanecer en zonas rurales o lugares con presencia de roedores, especialistas recomiendan acudir a valoración médica e informar sobre cualquier posible exposición.